Esta ilustración habla de esos momentos en los que nos permitimos bajar el ritmo y mirar alrededor. Un paisaje abierto, un río que atraviesa las montañas, flores creciendo a ambos lados del camino y una figura que se detiene en mitad de todo ello. No hay prisa por llegar a ningún sitio.
Me gusta pensar en el agua como ese hilo que continúa avanzando aunque nosotras nos quedemos quietas. Las montañas, grandes y silenciosas, ponen un poco de distancia con todo lo que ocurre fuera. Y las pequeñas flores salpicando el paisaje recuerdan que incluso en los lugares más tranquilos siempre hay algo creciendo.
La figura no está huyendo ni buscando nada. Simplemente está ahí, conectada con el paisaje durante un instante. Quizá eso es lo que necesitaba dibujar: la sensación de poder sentarse en medio del camino sin tener que justificar por qué.
Una lámina sobre la calma, sobre los pequeños refugios que encontramos en la naturaleza y sobre esos momentos en los que, aunque no tengamos ninguna respuesta, sentimos que por un rato estamos exactamente donde tenemos que estar.
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